El frío no es solo incomodidad. En una expedición polar es el riesgo objetivo más presente, y se gestiona con conocimiento y con protocolo, no con dureza. Esta guía explica qué le pasa al cuerpo y qué se hace para que no vaya a más. No sustituye una formación de primeros auxilios en montaña, pero ayuda a entender por qué los guías insisten en ciertas cosas.
Qué hace el frío
Cuando el cuerpo pierde calor más rápido de lo que lo genera, prioriza proteger el núcleo (corazón, cerebro, órganos). Para eso cierra la circulación en las extremidades: por eso las manos y los pies son lo primero que se enfría, y por eso el frío en los dedos es una señal de que el sistema ya está compensando.
Dos factores aceleran muchísimo la pérdida de calor:
- La humedad. La ropa mojada (por sudor o por nieve derretida) conduce el calor fuera del cuerpo mucho más rápido que la ropa seca: el agua roba calor unas 25 veces más rápido que el aire. Sudar mientras andas y luego pararte es la forma más común de enfriarse de golpe.
- El viento. La sensación térmica con viento puede ser 10-15 °C más baja que la temperatura real. Un día de -15 °C con viento fuerte “pesa” como -30, y a partir de ahí el riesgo de congelación en la piel expuesta se dispara.
Hipotermia: las señales por orden
La hipotermia es la bajada de la temperatura del núcleo por debajo de 35 °C. No aparece de repente; da avisos:
- Leve (35-32 °C): tiritona intensa, torpeza en las manos, habla algo entrecortada, dificultad para hacer tareas finas, ganas de aislarse del grupo. Aquí se corrige fácil: parar, comer algo con azúcar, ponerse capa seca, bebida caliente, moverse.
- Moderada (32-28 °C): la tiritona para (mala señal, el cuerpo ya no tiene energía para generarla), confusión, decisiones raras, apatía, tropiezos, a veces la persona se quita ropa sin sentido (“desnudamiento paradójico”). Urgente: aislar del suelo y del viento, calor externo suave, evacuar.
- Grave (por debajo de 28 °C): pérdida de consciencia, pulso muy lento y difícil de encontrar. Emergencia médica; se manipula con extremo cuidado.
La regla del grupo: si alguien deja de participar, se queda atrás o se comporta de forma extraña, se para y se revisa. No se asume que “está cansado”.
Congelaciones: cuándo preocuparse
La congelación es el daño local por frío, sobre todo en dedos de manos y pies, orejas, nariz y mejillas.
- Aviso previo (frostnip): la piel se pone blanca o amarillenta y pierde sensibilidad, pero al calentarla (con una mano, bajo la axila) vuelve a la normalidad sin daño. Es la señal para actuar de inmediato.
- Congelación superficial: la piel queda dura por fuera pero blanda por debajo. Al recalentar duele y aparecen ampollas claras.
- Congelación profunda: la zona queda dura, cerúlea, insensible en todo el espesor. Al recalentar aparecen ampollas oscuras y dolor intenso. Requiere atención médica.
Nunca se frota una zona congelada con nieve ni se acerca a una fuente de calor directa (fuego, hornillo): la piel insensible se quema sin que la notes. No se recalienta si hay riesgo de que vuelva a congelarse antes de llegar a un sitio seguro; es peor un ciclo hielo-deshielo-hielo.
Qué se hace en una expedición para prevenirlo
- Ropa por capas y regularse constantemente: salir con algo de frío, abrir ventilaciones al subir, ponerse el plumas en cuanto se para. Detalle en qué llevar a una expedición al Ártico.
- Doble guante y doble calcetín, con recambio seco disponible. La ropa húmeda se seca por la noche.
- Comer y beber de forma deliberada: sin combustible, el cuerpo no genera calor. Ver alimentación en expedición con frío.
- Chequeos de cara y manos entre compañeros, sobre todo con viento: uno no siempre nota su propia nariz blanca.
- Margen en el calendario: si el parte da viento fuerte y frío extremo, se acorta la etapa, se cambia de ruta o se espera. La seguridad manda sobre el itinerario.
- Guías con formación real en meteorología de montaña, aludes y toma de decisiones, y con material de emergencia de grupo (saco de vivac, kit térmico).
- Jornada de entrenamiento el primer día, donde se repasa todo esto con el equipo real antes de salir a la ruta.
En resumen
El frío da avisos antes de hacer daño: dedos fríos, ropa húmeda, tiritona, torpeza, y luego confusión. En una expedición seria se actúa sobre esas señales pronto, con capas, comida, recambios secos y un calendario con margen. El objetivo no es aguantar el frío, es no llegar nunca a la parte peligrosa. Nuestras expediciones más exigentes (Svalbard, Kebnekaise Extreme) están construidas alrededor de esa idea.



