En una expedición polar, la comida no es un placer opcional: es combustible y es abrigo desde dentro. Comer poco o mal en frío te deja sin energía para avanzar y te hace pasar más frío. Esta guía explica los números y la lógica, sin recetas.
Por qué en frío gastas mucho más
Tu cuerpo quema energía en tres frentes a la vez:
- El esfuerzo físico: andar con esquís arrastrando una pulka, varias horas al día.
- La termorregulación: mantener la temperatura corporal en un ambiente bajo cero consume energía de forma constante, incluso parado. La tiritona es literalmente el músculo quemando calorías para generar calor.
- Las tareas del campamento: montar y desmontar, cavar nieve, cocinar, todo con guantes y a menudo con viento.
La suma es alta. En expediciones de montaña en frío se manejan cifras de entre 4.000 y 6.000 kcal al día, frente a las 2.000-2.500 de una vida normal. Los exploradores polares clásicos llegaban a comer cantidades de grasa que en circunstancias normales serían disparatadas: la dieta de una travesía polar puede tener el doble de grasa que la recomendación estándar.
El reparto de macronutrientes
- Hidratos de carbono (50-60 %): la energía disponible rápido. Pasta, arroz, cereales, purés, y azúcares en las paradas.
- Grasas (30-40 %, a veces más): energía de larga duración, muy densa (9 kcal por gramo, frente a 4 de los hidratos). Mantequilla, frutos secos, quesos curados, embutido graso, aceite añadido a los platos calientes.
- Proteína (15-20 %): para reparar el músculo. Carne, pescado en lata, legumbres, lácteos, proteína en polvo.
La clave práctica: añade grasa a todo. Una cucharada de mantequilla o un chorro de aceite en la cena de liofilizado sube 100-150 kcal sin ocupar apenas espacio ni peso. Y la grasa se digiere despacio, así que te da calor durante la noche.
Comer aunque no te apetezca
Con frío y esfuerzo, el apetito baja justo cuando más necesitas comer. Trucos que funcionan:
- Picar cada hora en la ruta, en las paradas cortas: un puñado de frutos secos, un trozo de chocolate, una barrita, un poco de queso. No esperes a tener hambre.
- Snacks que se puedan comer con guantes y que no se congelen hasta quedar como piedras: el chocolate con leche aguanta mejor que el negro; las barritas blandas mejor que las duras; los frutos secos siempre bien.
- Una cena caliente y abundante, aunque llegues sin ganas. Es la que te calienta para dormir. Si de verdad no puedes, al menos un caldo graso y algo de hidrato.
- Un tentempié dentro del saco por si te despiertas con frío de madrugada: comer algo genera calor.
La hidratación es media batalla
En frío no sudas de forma evidente, pero pierdes mucha agua al respirar aire seco y helado, y la deshidratación acelera la fatiga y el frío en las extremidades. La sed además se nota menos con frío, así que hay que beber de forma deliberada:
- Agua caliente o infusión en cada parada. El agua fría enfría el cuerpo y cuesta más beberla.
- Un termo preparado para la mañana y para la noche.
- Vigila el color de la orina: si es oscura, vas corto.
- Ojo con la nieve: comer nieve para hidratarte es contraproducente, gasta calor del cuerpo. Siempre derretida y templada.
Cómo se organiza en nuestras expediciones
En las travesías de refugio (Kebnekaise Cabin, Expedición Fotográfica) hay pensión completa: desayuno fuerte, comida de ruta y cena caliente, con el aporte calórico ajustado al esfuerzo. En las de campamento autónomo (Kebnekaise Extreme, Svalbard) se lleva comida de expedición (alta densidad calórica, poco peso, fácil de cocinar en una olla) y se cocina en grupo cada noche. En todos los casos, la comida la ponemos nosotros; tú te encargas de comértela.
En resumen
Cuenta con comer casi el doble de lo habitual, cargar el plato de grasa, picar algo cada hora aunque no tengas hambre y beber caliente de forma deliberada. Comer bien en una expedición polar es parte del equipo de abrigo. Va de la mano con la preparación física y con entender cómo actúa el frío en el cuerpo.


