Abisko es un punto minúsculo en el mapa: una estación de tren, un parque nacional y poco más, a orillas del lago Torneträsk, en el extremo norte de la Laponia sueca. Y aparece en casi todas las listas de “mejores lugares del mundo para ver la aurora boreal”. La razón tiene nombre: el agujero azul de Abisko.
Qué es el “blue hole”
Es un patrón meteorológico local, no un fenómeno mágico. El aire húmedo que llega del Atlántico y del océano Ártico se topa con la cadena de montañas de la frontera entre Suecia y Noruega, justo al oeste de Abisko. Esas montañas fuerzan al aire a subir y descargar la humedad en la vertiente noruega, donde llueve y nieva mucho. Cuando ese aire ya seco baja por el lado sueco, sobre el valle de Abisko y el lago Torneträsk, se calienta ligeramente al descender y las nubes se disuelven.
El efecto es un hueco de cielo despejado de unos 10 a 20 kilómetros cuadrados que se mantiene aunque alrededor esté completamente cubierto. De ahí lo de “agujero” en las nubes. Es el mismo principio que hace que un lado de una cordillera sea verde y el otro desértico, pero concentrado en un valle pequeño.
Por qué importa para la aurora
Ver la aurora depende de tres cosas: actividad solar, oscuridad y cielo despejado. Las dos primeras no se controlan desde el suelo. La tercera, en la mayor parte de Escandinavia, es una lotería: en muchas zonas del óvalo auroral el cielo está despejado un 40 a 50 % de las noches de invierno.
En Abisko esa cifra sube a alrededor del 70 %. No es una garantía (nada lo es con la aurora), pero cambia bastante las probabilidades. Sumado a que Abisko está dentro del óvalo auroral y casi no tiene contaminación lumínica, se entiende su fama. Hay incluso una infraestructura montada en torno a esto, la Aurora Sky Station, en lo alto del monte Nuolja, a la que se sube en telesilla.
Qué implica para una travesía
Abisko no es solo un mirador. Es también la puerta norte del Kungsleden, el sendero de largo recorrido más conocido de Suecia. Desde la estación de Abisko arranca el tramo que sube hacia los refugios de Abiskojaure y Alesjaure, cruzando el valle de Torneträsk y ganando altura poco a poco hacia el corazón de la Laponia sueca.
En invierno ese tramo se recorre con esquís de fondo tirando de una pulka, durmiendo en refugios de montaña. Empezar en Abisko tiene tres ventajas prácticas:
- Acceso fácil. Hay tren nocturno desde Estocolmo (unas 17 horas, pero se duerme) y el aeropuerto de Kiruna está a poco más de una hora en coche.
- Días de adaptación con buen cielo. Pasar las primeras noches en la zona del agujero azul, antes de salir a la ruta, es la mejor forma de aprovechar las auroras y de ajustar el equipo con calma.
- Refugios abiertos todo el invierno. La red de la asociación de montaña sueca (STF) mantiene guardas y leña en los refugios de la ruta.
Lo que el “blue hole” no arregla
- No garantiza aurora. Si no hay actividad solar, el cielo despejado no sirve de nada. Por eso siguen haciendo falta varias noches.
- No elimina el viento. El valle es despejado, pero puede soplar fuerte, sobre todo en la zona del lago.
- No es infinito. Un frente muy potente puede acabar tapándolo. Es una tendencia, no un escudo.
En resumen
El agujero azul de Abisko es un efecto de sombra de lluvia que mantiene el cielo despejado sobre el valle con más frecuencia que en cualquier otro punto del óvalo auroral europeo. Para quien busca auroras, sube las probabilidades. Para quien quiere hacer una travesía de esquí por el norte del Kungsleden, es además el mejor sitio para empezar.
Si estás decidiendo entre países, en dónde ver la aurora boreal comparamos Suecia con Noruega, Finlandia e Islandia. Y nuestra Expedición Fotográfica sale precisamente desde Abisko: dos días en la zona antes de encordar las pulkas y subir hacia Alesjaure.


